La atresia de esófago (AE) es uno de los defectos congénitos más frecuentes, con una incidencia de 1 en 3000 nacidos vivos. Hasta la década de 1950, estos pacientes tenían una mortalidad del 100%; en la actualidad, la tasa de supervivencia supera el 90%, y solo fallecen aquellos con malformaciones graves asociadas. La AE tipo C (atresia del segmento proximal del esófago con fístula traqueoesofágica entre la tráquea y el segmento distal) es la variante más frecuente, presente en el 85% de los casos. Existe evidencia de que el trastorno motor esofágico en estos niños es secundario a un trastorno neuromuscular congénito y a una alteración postoperatoria. Los pacientes que sobreviven la cirugía tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), causada por anomalías en la motilidad esofágica y el consecuente retraso en la evacuación del ácido del lumen esofágico. Se planteó la hipótesis de que la alteración de la motilidad podría contribuir a la disfagia y a la elevada prevalencia de reflujo gastroesofágico en estos pacientes. Asimismo, se reportó una mayor incidencia de esofagitis grave con requerimiento de funduplicatura, lo que evidencia una mayor tasa de fracaso. La dismotilidad esofágica ha sido demostrada en niños con AE mediante manometría de perfusión convencional. Lemoine C y col. describieron tres patrones de alteración de la motilidad mediante manometría de alta resolución (MAR) en niños con AE reparada, lo que permitió un conocimiento más preciso de la motilidad esofágica segmentaria. Actualmente, no existen reportes realizados exclusivamente en adolescentes con AE reparada que describan la motilidad esofágica segmentaria con MAR.
San Juan Bautista, Buenos Aires, Argentina