La enfermedad de Chagas y la sífilis son consideradas un importante problema de salud pública a nivel mundial. Ambas patologías afectan a poblaciones socioeconómicamente vulnerables y se transmiten de forma congénita, generando un alarmante aumento en el número de recién nacidos infectados. Los métodos diagnósticos actuales para estas enfermedades se basan en el seguimiento serológico hasta los 8 a 10 meses de vida, lo que, considerando la población habitualmente involucrada y sus escasos recursos, generalmente se traduce en la pérdida de continuidad en los controles y el seguimiento. La prevalencia de Chagas en mujeres embarazadas es del 4%, con una incidencia de enfermedad de Chagas congénita de 1.500 casos anuales. De estos, solo un tercio son diagnosticados. Según la experiencia de los investigadores y otros autores, la detección de ADN de Trypanosoma cruzi mediante PCR evidencia una elevación de la parasitemia al nacer, con un pico al primer mes de vida. La sífilis es una patología reemergente, prevenible y curable cuando el diagnóstico se logra precozmente al inicio del embarazo. La costo-efectividad del tamizaje de esta infección está ampliamente demostrada, previniendo una alta morbimortalidad en los niños cuando se aplica a mujeres embarazadas. Tanto para el diagnóstico de sífilis como de Chagas existen algunos estudios que comparan el seguimiento por PCR con la serología convencional, pero ninguno ha sido validado y aún se necesita mayor evidencia para modificar la práctica actual. Los investigadores proponen un estudio secuencial de PCR para Trypanosoma cruzi y Treponema pallidum desde el nacimiento, con la convicción de que esto aumentará la sensibilidad del diagnóstico de Chagas congénito y sífilis, y mejorará el seguimiento de estos pacientes.
Buenos Aires, Argentina
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